Hay personas que llegan a consulta con su caso perfectamente ordenado. Saben cuál es el patrón, de dónde viene y qué deberían hacer con él. Y llevan años sin que cambie nada.

No es mala fe. Es una defensa muy eficaz: mientras explicamos, no sentimos.

Qué pinta un caballo aquí. El caballo no entiende la narración. Lee la respiración, la tensión del brazo, el ritmo de los pasos y la dirección de la mirada. Si dices que estás tranquilo y no lo estás, se queda quieto o se aleja.

Es incómodo. Pero es la primera información nueva que esa persona recibe en mucho tiempo, porque no viene de una interpretación sino de un hecho observable.

Cómo encaja con la terapia de despacho. No la sustituye. La destraba. Dos o tres sesiones pie a tierra suelen bastar para que el paciente vuelva a consulta con material fresco, ya no filtrado por el relato.