En el aula, la asertividad se explica. Se hacen fichas, se representan situaciones y se habla de cómo deberíamos decir las cosas. El problema es que un niño que se bloquea ante un compañero no se bloquea por falta de información.
Lo que pasa con el caballo. El ejercicio es simple: llevar al animal de un punto a otro. Si el niño duda, el caballo no se mueve. Si grita o tira, el caballo se resiste. Solo avanza cuando la intención es clara, el cuerpo la acompaña y la petición es firme sin ser agresiva.
Nadie se lo ha explicado. Lo ha descubierto porque un animal de 500 kg le ha dado una respuesta inmediata y sin juicio.
El paso siguiente. Una vez lo tiene en el cuerpo, se puede nombrar. Ahí sí llega la conversación: «¿Qué has tenido que cambiar para que te siguiera?». Y esa pregunta, un lunes, funciona en el aula.
